miércoles, 9 de marzo de 2011

OBJETIVOS DEL DISCIPULADO.


Jesús formó discípulos, seguidores de sus enseñanzas tanto en la transmisión oral como en su comportamiento. Ser un discípulo del Maestro significa pensar, sentir y actuar como Él; y esto se logra a través de un largo proceso llamado “discipulado”. Los propósitos de este método formativo cristiano son tres:

1. Que el discípulo desarrolle las virtudes de Jesucristo. Hay cuatro virtudes básicas a desarrollar en todo discípulo: fe, paz, amor y esperanza. El árbol de las virtudes cristianas contiene las tres virtudes teologales: fe, amor y esperanza, y cuatro virtudes cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Todas estas cualidades son estimuladas y apoyadas por los dones del Espíritu Santo y producen frutos espirituales. Su desarrollo nos conduce a las nueve bienaventuranzas. Para el discípulo lo óptimo es desarrollar la virtud del amor, que es la virtud de Cristo por excelencia.

2. Que el discípulo produzca buenas obras en su vida. Así como el árbol se conoce por sus frutos, al cristiano se le reconoce por su actuar, por sus obras. El auténtico cristiano expresa su fe a través de buenas obras.

3. Que el discípulo tenga hijos espirituales. Sabemos que una persona es ya adulta cuando tiene hijos y es capaz de criarlos y formarlos. Del mismo modo, en la vida espiritual, un cristiano maduro es el que produce hijos espirituales. Tener hijos no es solamente evangelizar a otros y llevarlos al pastor para que los atienda. Padres responsables son los que procrean y luego se responsabilizan de sus hijos, les conducen hasta la madurez y les acompañan durante toda su vida. La mejor muestra de vida para un discípulo, es ser padre espiritual.


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